La enfermedad de Parkinson ya es la segunda patología neurodegenerativa más común a nivel mundial, solo superada por el Alzheimer. Su prevalencia, discapacidad y mortalidad están en constante aumento. En España, más de 200.000 personas padecen esta condición, y cada año se diagnostican cerca de 10.000 nuevos casos.
Según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN), el incremento es notable, ya que el número de pacientes con Parkinson se ha duplicado desde 2012. Las proyecciones epidemiológicas indican que para 2050, España podría tener la prevalencia más alta por habitante, con aproximadamente 850 casos por cada 100.000 personas.
En las comarcas gerundenses, esta tendencia también es evidente. Durante 2025, los servicios de neurología de los hospitales Josep Trueta y Santa Caterina atendieron a 1.500 pacientes con Parkinson. La incidencia de la enfermedad varía entre 8 y 19 casos por cada 100.000 personas anualmente, pero aumenta significativamente con la edad, llegando a 400 casos por cada 100.000 habitantes a los 85 años. Fuentes hospitalarias confirman que el Parkinson está claramente al alza, con un impacto creciente tanto en Girona como a escala global.
Este aumento sostenido se atribuye principalmente al envejecimiento de la población, aunque los especialistas subrayan que factores genéticos y ambientales también influyen en el desarrollo de la enfermedad. La edad media de inicio se sitúa alrededor de los 60 años, con un ligero predominio en hombres. Sin embargo, un 15% de los pacientes presentan un inicio precoz, antes de los 45 años, a menudo ligado a factores genéticos o familiares, aunque menos del 10% de los casos son claramente hereditarios.
El Parkinson se caracteriza por la degeneración progresiva de las neuronas dopaminérgicas, esenciales para el control del movimiento. Los síntomas motores incluyen temblor en reposo, rigidez, lentitud de movimientos e inestabilidad postural. Además, existen síntomas no motores como trastornos del sueño, depresión o deterioro cognitivo, que pueden aparecer años antes de los signos motores. La complejidad del diagnóstico, que es principalmente clínico, hace que muchos casos no se detecten en las fases iniciales, con un retraso medio de entre uno y tres años entre la aparición de los primeros síntomas y el diagnóstico definitivo.
Los tratamientos actuales son mayoritariamente sintomáticos, incluyendo fármacos para modular la función dopaminérgica y técnicas como la estimulación cerebral profunda o los ultrasonidos focalizados de alta intensidad para casos resistentes. La fisioterapia y la terapia ocupacional también son cruciales para mejorar la calidad de vida de los afectados. La investigación se centra ahora en terapias que puedan modificar el curso de la enfermedad, como la terapia génica o la inmunoterapia. El aumento previsto de casos exige reforzar la investigación, planificar mejor los recursos asistenciales y promover estrategias de prevención basadas en hábitos de vida saludables.
Un estudio reciente del Parc Sanitari Sant Joan de Déu ha revelado una conexión directa entre las dificultades de movimiento del Parkinson y alteraciones estructurales en el cerebro, concretamente una pérdida de plegamiento de la corteza cerebral. Esta reducción afecta a regiones clave en el procesamiento de la información sensorial y podría estar vinculada a la ralentización de la fluidez motora. Estos hallazgos sugieren que la lentitud y la dificultad para moverse podrían asociarse a un déficit en el procesamiento cerebral, ayudando a comprender la frustración de los pacientes en tareas cotidianas.
El estudio, parte de la tesis doctoral del doctor Antoni Callén, jefe del Servicio de Neurología del Hospital SJD Sant Boi, en colaboración con Gemma Colomé y bajo la dirección de Christian Núñez y Christian Stephan-Otto, indica que las resonancias magnéticas podrían ser una herramienta clave para detectar cambios corticales relacionados con la bradicinesia (lentitud de movimiento). Esto permitiría diagnósticos más rápidos, un seguimiento médico más preciso y una evaluación más precisa del impacto de nuevas terapias, abriendo nuevas vías para el abordaje clínico del Parkinson.
La enfermedad de Parkinson afecta a más de ocho millones de personas en todo el mundo. En Cataluña, hay más de 30.000 diagnosticados, y se calcula que en las comarcas gerundenses afecta a unos 3.000 residentes, con una prevalencia creciente.




