La vulnerabilidad de la red ferroviaria ante los temporales de levante y la subida del nivel del mar, estimada en unos 40 centímetros en un siglo, ha reabierto el dilema sobre si mantener el trazado actual. Aunque la mano del hombre ha alterado la costa con puertos y rieras, voces expertas recuerdan que la opción de elevar la vía ya fue descartada hace cuarenta años por el Ayuntamiento de Mataró debido a las dificultades técnicas y al gran impacto visual.
A corto plazo, la apuesta se centra en el mantenimiento de la línea actual mediante soluciones como las escolleras altas. Un ejemplo de éxito se encuentra en el tramo entre la Riera de Argentona y el puerto de Mataró, donde la separación entre la protección de piedra y la vía ha demostrado resistencia durante los últimos episodios meteorológicos.
De cara al futuro, se plantean alternativas más ambiciosas como el traslado de la infraestructura hacia el interior. Una de las opciones sobre la mesa es el aprovechamiento del corredor de la autopista C-32, una infraestructura ya existente desde el año 1968 que podría alojar el nuevo trazado ferroviario.




