Aquel encuentro supuso una ruptura con el modelo impuesto por la dictadura de Francisco Franco, que relegaba a las mujeres a roles domésticos. Por primera vez, se trataron abiertamente temas como el divorcio, los anticonceptivos y la discriminación laboral.
En Mataró, la influencia de este movimiento se canalizó a través de las asociaciones de barrio y el tejido obrero. Muchas vecinas impulsaron la democracia local reclamando servicios básicos y escuelas, una tarea discreta pero fundamental para la igualdad.
La igualdad no es un regalo de las instituciones, sino una conquista social.
Actualmente, entidades como Teixit de Dones mantienen vivo este legado en la capital del Maresme. El colectivo se concentra cada día 25 para denunciar la violencia machista y trabaja para visibilizar las desigualdades persistentes.




