Durante la celebración, declarada Patrimonio Cultural, la Banda de Música de Barcelona interpretó la Marcha Real en los tres últimos pasos: el de la Esperanza, el Sant Sepulcre y el de la Soledad. Esta elección musical provocó un notable revuelo en las redes sociales, con comentarios que cuestionaban la idoneidad de la pieza.
Fuentes cercanas a la organización han señalado que la interpretación no tenía ninguna intención política, sino que se enmarca en una tradición arraigada en otras regiones de España. En estos lugares, la Marcha Real acompaña momentos solemnes de las procesiones como muestra de respeto hacia las imágenes y la ceremonia.
Históricamente, a algunas imágenes religiosas se les concedía el rango de capitán general, tratándolas como reyes. Cuando los monarcas llegaban, eran recibidos con la Marcha Real. La Virgen, considerada la reina de los cielos, desfila bajo palio siguiendo esa tradición, por lo que este elemento se asocia también al uso del himno nacional.
A pesar de que la interpretación del himno forma parte de ciertas tradiciones, su presencia en un rito religioso en Mataró no pasó desapercibida, generando debate entre los asistentes y en las plataformas digitales. Desde la organización de la Semana Santa de Mataró, que se recuperó en 1986, se recuerda que el evento ha evolucionado integrando diversos estilos musicales, consolidándose como una de las celebraciones más destacadas de Cataluña.




