Esta situación de temporalidad se alarga por cuarto año consecutivo en el centro de Mataró, que ha tenido que afrontar el inicio de curso con el aumento de líneas de primero de ESO (de tres a cuatro) y las exigencias de la pandemia. Para garantizar los grupos estables, la plantilla de profesores se ha más que duplicado, pasando de 16 a 42 maestros.
La dirección, encabezada por Carina Torres, ha diseñado cuatro accesos diferenciados para cada ciclo de ESO, buscando crear "mini-institutos" internos y evitar el contacto entre alumnos. Sin embargo, el lunes, primer día de clase, solo dos accesos estaban operativos debido a la instalación de última hora de los nuevos barracones.
“"Es complicado hacer un cambio de fase en una situación como esta. Hay familias que no se sienten seguras ante la presencialidad de las clases."
En cuanto a los espacios, el centro ha renunciado a utilizar el aula polivalente de la Biblioteca Antoni Comas, priorizando la trazabilidad y evitando la dispersión de los alumnos. Se utilizarán patios en un solar cercano y el campo de fútbol de Rocafonda, que ya se usaba para las clases de Educación Física.
La preocupación por la falta de infraestructura definitiva se suma a la incertidumbre sanitaria. El concejal de Educación de Mataró, Miquel Àngel Vadell, reconoció que la pandemia ha paralizado los avances en la construcción del edificio, presupuestado en 6,5 millones de euros, y espera que las obras puedan comenzar en un año y medio.




