La decisión de clausurar el recinto de forma preventiva responde a la detección de varios desprendimientos localizados en la parte frontal del edificio. Para evitar riesgos, el Obispado de Urgell ha instalado un perímetro de seguridad que impide el paso habitual al interior del templo.
A pesar de las restricciones, la actividad religiosa no se ha suspendido totalmente. La iglesia de Sant Vicenç sigue abriendo exclusivamente durante las celebraciones litúrgicas, momento en el que se habilitan protocolos específicos para permitir la entrada de los fieles.
El alcalde de la localidad, Pere Ticó, ha confirmado que la rehabilitación de la fachada es inminente. Según las previsiones, las tareas de mantenimiento y reparación del revoque se iniciarán durante la próxima semana para restablecer la normalidad.




