Isil celebra su ancestral bajada de fallas con troncos de fuego

Sesenta vecinos recorrieron la montaña iluminados solo por las llamas en una de las celebraciones más espectaculares del Pirineo.

Descenso de falleros con troncos en llamas por un camino oscuro en Isil.
IA

Descenso de falleros con troncos en llamas por un camino oscuro en Isil.

Unas sesenta personas participaron en la tradicional bajada de fallas de Isil, en el Alt Àneu, una fiesta reconocida por la UNESCO que ilumina la noche pirenaica con troncos ardientes.

La noche de este martes, el pueblo de Isil, situado en el Alt Àneu, ha acogido la celebración de su ancestral bajada de fallas. Una tradición que reúne a alrededor de sesenta vecinos de la localidad y de los alrededores, y que es considerada una de las más impresionantes del Pirineo por la magnitud de los troncos utilizados y la dificultad del recorrido montañoso.
Cuando la oscuridad cubrió el paisaje, el encendido de la falla principal en la plaza marcó el inicio del evento. Desde la cima de la montaña, los participantes comenzaron el descenso, convirtiendo la hilera de troncos en llamas en una impresionante serpiente de fuego que avanzaba por un camino tortuoso y sin marcaje, iluminado únicamente por la largura de las llamas. Los troncos, que pueden llegar a pesar más de 50 kilos, fueron portados por los falleros hasta el pueblo, donde cientos de personas los esperaban.
Antiguamente, la tradición mandaba quemar todas las fallas sobrantes de la montaña, pero actualmente se preparan alrededor de diez troncos expresamente para la celebración. Los participantes, a pesar del agotamiento, fueron recibidos en el pueblo con vino, coca y un ramo de flores como agradecimiento por mantener viva la fiesta.

"La hierba de la montaña estaba muy seca y se prendió fuego, cortando la fila, aunque los falleros se reagruparon más abajo."

Mireia Mandicó · Portavoz de la Associació de Falles d’Isil
La bajada de este año ha sido descrita como una de las más exigentes. Según explicó Mireia Mandicó, de la Associació de Falles d’Isil, la hierba seca en la montaña provocó un pequeño incendio que interrumpió temporalmente la hilera, aunque los falleros lograron reagruparse más abajo. El fallero Guillem Esteban destacó la dureza de la noche, señalando que las últimas fuerzas se reservan para llegar al cementerio, donde se realizan tres cruces en la puerta en memoria de los compañeros difuntos.
Esta celebración cuenta con un doble reconocimiento oficial. La Generalitat de Catalunya la declaró Fiesta Tradicional de Interés Nacional en 1991. Posteriormente, en diciembre de 2015, las Fallas de Isil fueron inscritas como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, compartiendo este honor con otras dos bajadas del Pallars: las de Alins y las de la Pobla de Segur.