Los técnicos de la CHE, junto a investigadores de diversas universidades como la UPC y la Politécnica de Madrid, han monitorizado el episodio desde Riba-roja d'Ebre hasta el Delta. El caudal liberado alcanzó los 1.450 metros cúbicos por segundo, manteniendo una turbidez sostenida durante todo el proceso.
“"Es una estrategia demandada por el territorio para recuperar la dinámica natural y que los volúmenes no se aterren."
Como novedad, se ha empleado un torpedo metálico para captar muestras de gravas y arenas en el fondo del río. Aunque el transporte de estos materiales gruesos es menor que el de los limos, su caracterización es esencial para la morfología del tramo final del Ebro.




