Empresas especializadas trabajan intensamente desde mediados de junio para retirar los árboles caídos a causa de los temporales registrados en febrero, marzo y abril. Inicialmente, se estimaba una afectación de 260 hectáreas de bosque público en Pardines y Setcases, pero un nuevo cálculo del Govern ha elevado la superficie afectada hasta unas 750 hectáreas. Estas zonas se reparten entre 21 municipios de la comarca, incluyendo Campdevànol, Campelles, Llanars, Planoles, Queralbs, Ribes de Freser, Toses y Vilallonga de Ter, además de tres zonas propiedad de la Generalitat.
El volumen de madera caída a retirar en el Ripollès ha pasado de 14.700 toneladas a aproximadamente 40.000. Según Tània Giró, ingeniera forestal del Departament d’Agricultura en la comarca, el informe aún no es definitivo y podrían aparecer más superficies afectadas, ya que no se han contabilizado terrenos de menos de una hectárea o con menos del 20% de árboles afectados.
Actualmente, los trabajos se están llevando a cabo en todos los municipios excepto en Campdevànol, donde la afectación es mínima. Las 41 zonas diferenciadas permiten a las empresas utilizar la maquinaria más adecuada para cada tipo de producto. El objetivo es finalizar las tareas antes del 1 de noviembre, coincidiendo con el inicio del mal tiempo y las nevadas.
En Pardines y Setcases, las empresas adjudicatarias se quedan la madera como contrapartida por los trabajos. En Vilallonga de Ter, la Generalitat ha invertido cerca de 48.000 euros para abrir más de dos kilómetros de vial nuevo que dan acceso a la zona más afectada, el Bac d'Abella.
Giró también señala que los ayuntamientos han sufrido pérdidas económicas significativas, ya que el valor de la madera caída se ha devaluado considerablemente y los costes de extracción son más elevados. Además, se han detectado casos de incivismo durante el verano, con señales de prohibición de aparcamiento pintadas o rotas, hecho que achaca a la desinformación sobre las tareas de retirada.
Vilallonga de Ter es el municipio más afectado, con unas 220 hectáreas devastadas. El alcalde, Pere Sau, calcula que la limpieza avanza a buen ritmo, con un 60-70% de la superficie ya limpia, aunque prevé que los trabajos se alarguen hasta el 31 de diciembre.
Una vez finalizada la retirada de la madera, se replanteará la gestión forestal de las zonas afectadas, con la posibilidad de regeneración natural o la conversión en pastos, que aportan beneficios como el aumento de la biodiversidad y la reducción del combustible en caso de incendio.




