La paja, que habitualmente se considera un residuo agrícola después de la siega, puede tener una segunda vida como elemento constructivo. Esta es la premisa de una iniciativa que, desde Guissona, impulsa el uso de este material para paredes, sistemas de aislamiento y edificaciones completas. El proyecto ofrece formación en bioconstrucción, con el objetivo de difundir el conocimiento sobre la aplicación de materiales locales y naturales en el sector.
Los impulsores de esta propuesta buscan romper con la dependencia de las soluciones industriales y estandarizadas en la construcción. Se han especializado en la paja por su abundancia en la comarca de la Segarra, donde a menudo se quema o se deja pudrir en los campos. Según los cálculos, con solo el 10% del cereal producido en España se podrían cubrir las necesidades anuales de construcción y reforma de viviendas.
“"La paja permite construir casas que, con un buen diseño, no necesitan ni calefacción ni aire acondicionado, incluso en un clima como el de Lleida."
Además de su potencial como recurso renovable, la paja destaca por sus propiedades de aislamiento térmico, que permiten crear viviendas con una alta eficiencia energética. Aunque las estrategias de bioconstrucción han ganado relevancia, con normativas europeas que ya hablan de descarbonización de materiales, todavía existen barreras burocráticas para el uso de materiales como la arcilla, la madera o la paja. La normativa actual tiende a favorecer los productos industriales, dificultando la justificación de técnicas constructivas tradicionales.
A pesar de las dificultades administrativas, el interés por estas formaciones es creciente. A principios de abril, una quincena de personas, incluyendo arquitectos, albañiles y público general, participaron en un curso en Guissona para aprender diversas técnicas de construcción con paja. Esta tendencia refleja un deseo de recuperar la conexión humana con la construcción de la vivienda propia, una práctica común en el pasado.




