La estación de Lleida-Pirineus permaneció sin servicio ferroviario de Rodalies por segundo día consecutivo, con los andenes vacíos y los trenes detenidos. Esta situación provocó un goteo constante de pasajeros hacia la estación de autobuses, que se convirtió en la alternativa principal para los desplazamientos regionales. Muchos usuarios también recurrieron a los trenes de alta velocidad (AVE), a pesar de que este servicio operó con retrasos de hasta 30 minutos.
La suspensión afectó a las líneas RL3, RL4, R13 y R14, dejando sin opciones a muchos viajeros habituales. Algunos, como Isabel López, que iba de Lleida a Mollerussa para una visita médica en el Hospital Arnau de Vilanova, se vieron obligados a asumir el coste de un taxi para volver a casa.
“"Tengo un sentimiento de rabia, pero no sabía que los trenes estaban anulados y he tenido que apañármelas por mi cuenta."
Otros afectados, como el profesor Raul de la escuela Mirasan de Lleida, tuvieron que pagar 20 euros más por persona para viajar a Barcelona en AVE con un grupo de alumnos. En Tàrrega, los pocos usuarios que se acercaron a la estación fueron informados de la complejidad del servicio y optaron por el autobús. La frustración también se extendió a los viajeros de larga distancia, como Dolors y Josep Maria, quienes lamentaron la cancelación de convoyes con destino a Zaragoza y Granada sin aviso previo.
El único servicio regional que funcionó con normalidad fue el Tren de la Pobla, gestionado por Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya (FGC). Este convoy, que opera con diésel y no pertenece a la red de Rodalies, registró una alta demanda, especialmente en el tramo que conecta Lleida y Balaguer.




