De la sequía extrema a la lluvia intensa: el episodio climático excepcional en Lleida

La precipitación acumulada en enero en la capital ilerdense es la segunda más alta de los últimos 114 años, revirtiendo la crisis hídrica.

Imagen genérica que representa el exceso de agua o inundaciones en un paisaje rural o urbano, sin personas visibles.
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Imagen genérica que representa el exceso de agua o inundaciones en un paisaje rural o urbano, sin personas visibles.

La provincia de Lleida ha experimentado un cambio radical en las condiciones meteorológicas, pasando de la sequía extrema que obligó a cerrar el Canal d'Urgell a un exceso de lluvias intensas durante enero, lo que subraya la realidad de los fenómenos extremos del cambio climático.

La situación en la provincia de Lleida ha sido excepcional, con una precipitación acumulada en enero en la capital que es la segunda más alta registrada en los últimos 114 años. Este exceso de agua llega menos de tres años después de que la sequía extrema obligara a cerrar el Canal d’Urgell por primera vez en más de siglo y medio de historia.
Esta sucesión de borrascas, que ha provocado inundaciones históricas en Andalucía, es aprovechada por los negacionistas del cambio climático para afirmar que la lluvia les da la razón. Sin embargo, los expertos señalan que estos fenómenos extremos son, precisamente, uno de los principales efectos del calentamiento global.
El continuo paso de frentes atlánticos se debe a un bloqueo de altas presiones en el Ártico que hace que circulen mucho más al sur de lo habitual. Aunque no está claro si este bloqueo es causado directamente por el cambio climático, sí se sabe que una atmósfera más cálida acumula más humedad, liberando el agua de forma mucho más intensa cuando se dan las condiciones.
Aparte de los fenómenos meteorológicos, el editorial también pone el foco en la libertad en Internet a raíz del anuncio del presidente Pedro Sánchez de prohibir el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años. Esta medida ha provocado la reacción airada de propietarios de plataformas como Elon Musk (X) y Pavel Durov (Telegram), que la han tachado de amenaza a las libertades.
El editorial recuerda que detrás de las redes sociales hay dueños que las utilizan en su beneficio, como demuestran las acusaciones contra Durov en Francia por no cooperar en materia de tráfico de drogas o contenido sexual infantil, poniendo en duda su defensa de la libertad ciudadana.