El espiritismo representó una fuerza transformadora en las tierras de Lleida durante el siglo XIX, desafiando el conservadurismo religioso y las convenciones sociales de la época. Impulsado por figuras como Josep Amigó y Amalia Domingo Soler, esta corriente promovió la igualdad de género y la libertad de conciencia en un contexto marcado por la represión.
La doctrina espiritista, surgida a mediados del siglo XIX bajo la influencia de Allan Kardec, proclamaba la igualdad entre hombres y mujeres, permitiendo que cualquier persona pudiera actuar como médium y desarrollarse espiritualmente. Esta visión empoderó a las mujeres y cuestionó las restricciones de género tradicionales.
La revista La Luz del Porvenir, fundada en 1879 por Amalia Domingo Soler, fue un espacio clave para la reflexión feminista, con colaboraciones de destacadas pensadoras que promovieron la igualdad de derechos. En Lleida, mujeres como Àurea Amigó, Violeta y Carme Piferrer expresaron ideas pioneras en la revista El Buen Sentido.
La primera referencia documentada del espiritismo en la provincia data de febrero de 1873 en Alcarràs. Pronto se fundó el Círculo Cristiano Espiritista de Lleida, con personalidades como Domènec de Miguel Cors y Josep Amigó Pellicer. Esta doctrina rechazaba los rituales y la mediación sacerdotal, chocando con la Iglesia católica.
En 1882, la exhumación del cadáver de Teresa Folch, esposa de Josep Amigó, por orden del obispo de Lleida, generó indignación e impulsó la proliferación de entierros civiles, convirtiendo los cementerios en escenarios de lucha por la libertad de conciencia.
A pesar de la represión de la Iglesia y las autoridades, que incluyó suspensiones de publicaciones como El Buen Sentido y condenas a líderes como Josep Amigó, el movimiento ganó adeptos gracias a la solidaridad interna.
El espiritismo racionalista defendía el libre pensamiento, la razón, la laicidad y la igualdad social y de género, creyendo en la evolución de los espíritus a través de la palingenesia espiritual. Su lema era: 'Hacia Dios por el amor y la ciencia'.
Por otro lado, la Hermandad Evangélica Espiritista, fundada por Nicasi Unciti, representaba una mezcla de cristianismo evangélico, magnetismo y espiritismo, con ritos propios y estrictas normas de conducta, difiriendo de la espiritualidad racionalista de los kardecianos.
A partir de 1876, el espiritismo se expandió por numerosos pueblos de la provincia de Lleida, con centros en Balaguer, Tàrrega, Alcarràs, entre otros. La ciudad de Lleida llegó a tener tres centros espiritistas activos.
Durante la Segunda República, el movimiento vivió un nuevo auge, con un incremento de los entierros civiles. La dictadura franquista supuso la prohibición total y la persecución de sus seguidores, pero la doctrina comenzó a resurgir al final del franquismo.
“"Aunque su impacto haya sido olvidado y menospreciado, sus ideales perduran como una valiente llamada a la reflexión y al progreso."




