La pareja se vio sumida en una crisis financiera tras una mala campaña de la fruta marcada por las heladas y la falta de seguros. Para intentar salvar su actividad, recurrieron a préstamos cuyos intereses crecieron exponencialmente, impidiendo el pago de las cuotas mensuales.
Los agricultores señalaron que su apuesta por un comprador único en Barcelona les cerró las puertas de la exportación. Asimismo, la llegada de nuevas variedades de fruta restó valor comercial a sus cultivos, agravando su situación económica hasta la actual resolución judicial.
“"La historia de mis clientes supone la realidad de muchos agricultores que están en insolvencia por las adversidades meteorológicas."
La exoneración se ha concedido bajo el amparo de la Ley de la Segunda Oportunidad, permitiendo a la pareja empezar de cero tras años de asfixia económica en el sector primario del Segrià.




