Tras la caída de Lazarat, la conocida como 'capital europea de la marihuana' en el sur de Albania, sus líderes han trasladado su 'manual de operaciones' a zonas rurales de Lleida y la Franja. Este modelo criminal aprovecha embalses, pinares, naves industriales y electricidad ilegal para establecer macroplantaciones de cannabis, tanto al aire libre como en interiores.
En 2014, una operación policial en Lazarat puso fin a décadas de control por parte de clanes dedicados al tráfico de marihuana. Las crónicas de la época describían enfrentamientos armados y la resistencia de los habitantes, que veían la producción de cannabis como su principal fuente de ingresos. La caída de esta 'factoría' marcó un punto de inflexión.
El método importado por los clanes albaneses se caracteriza por campamentos ocultos en bosques, construcción de balsas de riego, uso de generadores para minimizar el ruido, secaderos improvisados y 'jardineros' que viven en condiciones similares a las militares. Esta estructura criminal ha transformado la despoblación, el acceso al agua y la orografía abrupta del Pirineo en una gran industria de producción de marihuana, una de las mayores de Europa.
Las primeras evidencias del asentamiento de estos grupos se detectaron en julio de 2019 en Os de Balaguer (Lleida), donde se localizaron más de 2.400 plantas. Poco después, en noviembre del mismo año, la Policía Nacional descubrió 16.000 plantas en la provincia de Huesca, con detenidos vinculados a grupos albaneses. Estos hechos confirmaron que el modelo de Lazarat se había trasladado al Prepirineo.
Desde entonces, las operaciones policiales se han sucedido. En julio de 2020, una red albanesa fue desmantelada en una operación conjunta entre Lleida y Huesca. En septiembre del mismo año, los Mossos d'Esquadra intervinieron más de 1.800 kilos de marihuana en una zona escarpada del pantano de Camarasa (Noguera), con cinco detenidos de origen albanés.
La fase inicial de implantación, entre la caída de Lazarat y las primeras detecciones en 2019, fue opaca, dedicada a la búsqueda de terrenos adecuados, agua y reclutamiento de personal. Actualmente, las zonas más afectadas en Lleida incluyen la Noguera, el Alt Urgell y el Pallars, mientras que en Huesca se extiende por los pinares prepirenaicos del Gállego hasta el Sobrarbe y la Ribagorza.
El negocio se ha diversificado con plantaciones 'indoor' en naves, pisos, granjas y masías, complementando los cultivos exteriores. Esta mutación hacia interiores, con un mayor consumo eléctrico ilegal, permite un mayor control y una reposición más rápida de las pérdidas. Una operación reciente en La Mariola (Lleida) en 2026 puso de manifiesto esta evolución urbana, con la detención de personas por posesión de marihuana, armas, dinero y fraude eléctrico, apuntando a una posible alianza entre narcos albaneses y clanes locales.




