La racha negativa del Nàstic de Tarragona ha llegado a su punto álgido este Blue Monday, tras encajar la cuarta derrota consecutiva contra el Atlético Sanluqueño. Esta preocupante falta de competitividad ha convertido a los tarraconenses en un equipo condenado a pelear por el descenso si no hay un giro inmediato.
La dureza de la realidad es incontestable: el Nàstic no perdía cuatro encuentros seguidos en el campeonato liguero desde la temporada 2009-2010. Aquella campaña terminó con la salvación agónica del equipo, a solo un punto de evitar el descenso a Segunda B. En aquel momento, se decidió prescindir de César Ferrando y se cerró el curso con cinco derrotas en los seis últimos partidos, ya con Luis César en el banquillo.
El Nàstic se ha convertido en un equipo con la autoestima muy baja, hasta el punto de que la sensación de que la situación está superando al vestuario resulta ya irrefutable.
La directiva ya gastó la bala del entrenador tras la derrota ante el Atlético Madrileño (0-3), sustituyendo a Luis César por Cristóbal Parralo. Aunque el cambio tuvo un efecto inicial, los números de Parralo (11 puntos en nueve jornadas) son similares a los de Luis César (14 puntos en 10 partidos). La confianza en el técnico cordobés se mantiene, pero una quinta derrota consecutiva ante el Ibiza podría agotar su margen.
El club se aferra al calendario inmediato como salvavidas. Tres de los próximos cuatro partidos ligueros se disputarán en el Nou Estadi de Tarragona: contra el Ibiza, el Villarreal B y el Betis Deportivo, con una visita al Alcorcón entre medias. La entidad grana necesita volver a respirar, y eso solo pasa por empezar a ganar este sábado.




