El trabajo, difundido en la revista Analytical and Bioanalytical Chemistry, ha examinado 18 productos diferentes, incluyendo opciones frescas, refrigeradas y congeladas. El análisis se ha centrado en especies habituales en la dieta como el bacalao, el salmón, el calamar, la merluza, la sardina, la gamba y el mejillón.
Los científicos han detectado 29 sustancias, entre las que destacan ftalatos, organofosfatos y fragancias sintéticas. Estos elementos se utilizan a menudo en la fabricación de envases, plásticos y productos de limpieza. Según los autores, el proceso industrial y los materiales de embalaje podrían facilitar la transferencia de estos compuestos a los alimentos.
El estudio señala que los niveles de contaminación varían según el contenido graso de la especie y el método de conservación. Aunque se ha observado una presencia más elevada en comparación con el pescado crudo, la evaluación toxicológica confirma que el riesgo para los consumidores es muy bajo, incluso en los escenarios de exposición más desfavorables.




