Saltar desde las rocas en Tarragona: 20 multas el año pasado pese al riesgo

Las sanciones de 100 euros y las muertes no detienen los saltos desde las rocas en Tarragona, donde se propone actualizar las medidas de prevención.

Imagen genérica de costa rocosa con señal de advertencia.
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Imagen genérica de costa rocosa con señal de advertencia.

La Guardia Urbana de Tarragona realizó 65 actuaciones e impuso 20 multas por saltos desde las rocas el año pasado, cifras que solo reflejan una pequeña parte del problema.

La Unidad de Vigilancia de Playas de la Guardia Urbana (UVIP) de Tarragona registró el año pasado 65 actuaciones y 20 multas relacionadas con personas que saltaban al mar desde las rocas. Estas cifras representan un aumento respecto al año anterior, con 45 actuaciones y 6 multas. En las primeras dos semanas de la temporada actual, ya se han contabilizado 6 actuaciones y una multa.
La UVIP opera exclusivamente durante el verano, del 15 de junio al 13 de septiembre, con horarios definidos y un equipo de ocho agentes que recibe apoyo de otras unidades. Sin embargo, las cifras oficiales de multas son solo una pequeña muestra de un problema persistente que causa víctimas mortales y lesionados cada verano en la costa de Tarragona y su provincia.
La Guardia Urbana incorporará próximamente un dron para vigilar estas zonas de riesgo, una medida que se acelera a raíz del trágico accidente del 19 de junio donde fallecieron tres niños. El subjefe de la Guardia Urbana, Alberto Lacueva Lacueva, ha admitido que la ciudad afronta un problema significativo, ya que los jóvenes, principalmente, ignoran las indicaciones de los socorristas. La sanción actual, calificada como 'falta leve', es de solo 100 euros.
Ramsés Martí Biosca, enfermero de emergencias y profesor de salvamento, señala que las medidas actuales no son suficientes. Propone revisar la señalización obsoleta, aplicar 'ingeniería social' con la colaboración de psicólogos y sociólogos, y llevar la concienciación a las escuelas, abordando noticias trágicas como la de los fallecimientos en La Arrabassada.
Martí también critica la posible autocomplacencia de los ayuntamientos en la organización del salvamento, recordando las normas clave: un socorrista debe poder escanear visualmente su área en 10 segundos y llegar al punto más lejano en tres minutos. La falta de una normativa nacional o autonómica unificada convierte la seguridad acuática en un 'reino de taifas'.
En cuanto a los drones, Martí se muestra escéptico, argumentando que la vigilancia debe ser constante o bien impedir el acceso. Subraya que su utilidad depende de si el operador es un experto en salvamento acuático capaz de identificar víctimas en estrés hídrico, y que su eficacia es limitada, especialmente si no pueden lanzar flotadores.
El experto también alerta sobre los peligros invisibles de los saltos, como luxaciones de hombro por saltos con los brazos abiertos o choques termodiferenciales por cambios bruscos de temperatura tras hacer deporte. En las zonas rocosas, las corrientes complejas y la turbulencia dificultan los rescates, pudiendo requerir embarcaciones y retrasar la ayuda.