El Complejo Educativo es un referente emocional e histórico para miles de tarraconenses y personas de las comarcas vecinas que cursaron parte de su formación allí. La voluntad de preservar este vínculo es legítima, pero debe ponderarse con los beneficios del traslado previsto hacia la zona de Ponent.
Este traslado implicaría una inversión significativa para modernizar las instalaciones educativas, adecuándolas a las necesidades formativas del siglo XXI. Además, la operación es clave para desatascar otros proyectos urbanísticos vitales para Tarragona.
Uno de los proyectos más importantes que depende de este movimiento es el traslado de Exolum, una operación que fue la causa de la anulación del POUM de 2013 por una sentencia del Tribunal Supremo.
La cuestión no debe verse como un dilema irresoluble. Una declaración como BIC no implica necesariamente la congelación total del solar. Una planificación cuidadosa podría permitir preservar algunos edificios emblemáticos del complejo e integrarlos en un uso compatible con la actividad del Puerto de Tarragona, manteniendo viva la memoria colectiva.




