El incremento de las restricciones de velocidad impuestas por Adif en la red ferroviaria catalana ha sido notable desde octubre de 2018, cuando se registraron 90 tramos afectados que sumaban 78,8 kilómetros. Actualmente, esta cifra se ha elevado hasta los 179 puntos con restricciones, que conjuntamente suman 130 kilómetros de vía con circulación limitada. Estas medidas, causadas por deficiencias en la infraestructura, como el estado de los terraplenes, impactan directamente en los tiempos de trayecto.
Por demarcaciones, el aumento más significativo se ha producido en Tarragona, que ha pasado de 19 a 57 tramos afectados en siete años y medio. Barcelona también ha experimentado un fuerte repunte, de 42 a 86, mientras que Girona ha duplicado las incidencias, de 14 a 28. Solo la demarcación de Lleida ha logrado reducir sus limitaciones, pasando de 15 a 8.
La línea de Regionales con más deficiencias actualmente es la R15, especialmente en el tramo entre Riba-roja d'Ebre y Reus, donde hay diecisiete tramos con limitaciones. Además, se mantienen restricciones históricas; por ejemplo, un tramo en Raimat (Segrià) está vigente desde el 20 de febrero de 2005 por deficiencias en un terraplén, y la velocidad máxima permitida ha bajado de 80 km/h a solo 30 km/h.
Estas limitaciones no solo incrementan los tiempos de viaje, sino que también generan graves problemas operativos para el operador ferroviario. Cuando un convoy debe circular más lentamente, se acumulan retrasos que afectan la programación de servicios posteriores y, en algunos casos, obligan a buscar maquinistas adicionales para cubrir los trayectos que quedan desfasados.




