La decisión llega tras la modificación del plan de ocio en los polígonos de Sant Quirze, que ha dejado la discoteca fuera de la normativa vigente. Aunque el propietario afirma no haber recibido comunicación oficial y mantiene la licencia en vigor, el plan urbanístico aprobado en 2021 estipula el cese de actividades recreativas musicales en esta zona, con una moratoria que expira ahora.
La discoteca, ubicada en la calle Narcís Monturiol, en el límite entre Sant Quirze del Vallès y Sabadell, ha estado históricamente vinculada a la Zona Hermética, a pesar de que nunca fue formalmente asociada por las empresas del sector. En los últimos años, el local se ha visto envuelto en numerosos incidentes, incluyendo denuncias por agresiones, palizas y discriminación racial por parte del personal de seguridad, así como episodios de violencia sexual que fueron posteriormente retirados o desestimados.
La alcaldesa de Sant Quirze del Vallès, Elisabeth Oliveras, ha expresado su preocupación por la seguridad de los jóvenes que asistían al local, señalando problemas de racismo, violencia y hurtos. Lamentó la impunidad que a menudo sentían ante la falta de pruebas o la negación de los hechos por parte de los vigilantes, lo que dificultaba la protección de los asistentes.
Ante esta situación, el Ayuntamiento de Sant Quirze solicitó la intervención de la Generalitat para acelerar el cierre. La revisión del plan general iniciada en 2017 y el posterior Plan Especial Urbanístico de 2021 culminaron con la decisión de no permitir actividades recreativas musicales en el polígono de Can Torres-Can Llobet, donde se ubica la discoteca.
El posible cierre de Waka, que nació como Àrea, marca el fin de un proyecto que transformó una zona industrial en un potente centro de ocio nocturno en los años 90. La Zona Hermètica llegó a albergar entre 40 y 50 locales y generar 400 puestos de trabajo, convirtiéndose en un fenómeno a nivel nacional.
El periodista especializado en ocio nocturno, Xavi Rosell, recuerda la vitalidad de la zona, que llegó a recibir 30.000 personas en un fin de semana. Aunque la concentración de gente generó problemas y molestias a los vecinos, la voluntad inicial era evitar conflictos. La zona murió de éxito alrededor de 2010, dejando a Sabadell sin una gran área de ocio nocturno.
Actualmente, en la zona quedan dos discotecas más pequeñas, DrinkKing y Maloa, y el pub Bliss, que se adaptan al nuevo ordenamiento que busca reactivar el ocio juvenil con locales de menor aforo para minimizar las molestias vecinales.




