Estas torres de ladrillo, diseñadas por ingenieros como Narcís Nunell o Arnau Izard, definieron el horizonte de la ciudad durante la revolución industrial. La estructura más elevada, perteneciente a Grau SA, alcanza los 52,47 metros, mientras que la del Vapor Codina destaca por ser la más veterana, construida originalmente en 1880.
El valor de estas piezas trasciende lo arquitectónico para entrar en el terreno del arte. Iniciativas como la exposición Ara, Sabadell permitieron que artistas de la talla de Javier Mariscal o Ràfols Casamada reinterpretaran este símbolo local, convirtiendo las chimeneas en objetos de vanguardia y memoria histórica.



