La tradición, que se mantiene viva desde 1964, consiste en regenerar el fuego en la cima del Canigó, a 2.784 metros de altitud, para después distribuirlo mediante relevos por todo el territorio. La organización del evento cuenta con la colaboración de entidades como el Casal del Conflent, IGD Flama del Canigó, Òmnium Cultural y la Federació d'Entitats Excursionistes de Catalunya.
El transporte de la llama hasta la ciudad ha requerido una logística precisa. El fuego se traslada dentro de un farolillo protegido por un cubo metálico y con medidas de seguridad adicionales, como el uso de bengalas extintoras. Una vez en la plaza de la Nova Creu, miembros de la Joventut Atlètica de Sabadell han sido los encargados de llevar el fuego hasta las hogueras locales.
La expedición de este año ha estado marcada por la exigencia física de la ascensión, que se ha realizado en varias etapas para evitar las horas de más calor. El recorrido ha incluido una parada en el refugio de Cortalets antes de alcanzar la cima para encender la llama a medianoche, justo antes del inicio de la jornada de San Juan.




