La expansión de la vid en el Vallès Occidental comenzó en el siglo XVIII y alcanzó su punto álgido a mediados del siglo XIX. Esta época dorada fue truncada primero por la devastación de la filoxera y, posteriormente, por el peso de la industrialización textil. El golpe de gracia lo dio la fiebre constructora de los años sesenta, que sepultó el paisaje agrícola bajo el asfalto.
Actualmente, tres fincas dentro del término municipal de Terrassa ejemplifican la apuesta por recuperar la vid autóctona en la zona. La finca municipal de Mossèn Homs, cedida en 2021 a Rabassaires para recuperar viñedos periurbanos dentro del Anella Verda, avanza en paralelo a los esfuerzos particulares en la finca de la Font de Gaià y en los terrenos de Santa Magdalena de Puigbarral.
Estas tres explotaciones están dibujando un nuevo paisaje vitícola activo en la comarca. El Consell Regulador ha aprobado la inclusión de Terrassa dentro de la ampliación de la zona de la DO Catalunya, que será efectiva a finales de julio, un paso que se considera una justicia histórica para el territorio.




