La huelga, cuyo punto culminante fue el jueves 26 de febrero de 1976, mantuvo a la población y a las instituciones de Sabadell en tensión durante casi un mes. Tras la muerte del dictador, las autoridades, ancladas en el “búnker” del régimen, se negaron a buscar una salida democrática, manteniendo la política de represión.
“"Que nadie dude que los alcaldes de Franco podemos seguir en el puesto."
La escalada de violencia comenzó el viernes 13 de febrero, cuando una manifestación pacífica de alumnos de primaria, padres y maestros, que exigía escuela gratuita, fue reprimida brutalmente por la policía. Este hecho provocó una manifestación de protesta masiva el jueves 19 de febrero.
La actuación policial del 19 de febrero fue calificada de desmedida, dejando un rastro de heridos graves. Entre ellos, el operario Andrés Quero Almansa, que sufrió una conmoción cerebral tras ser apaleado, y Manuel Rodríguez Arcos, herido de extrema gravedad por una bala de goma en la nuca. El profesor de inglés David Wilson, herido por una granada de gas lacrimógeno, falleció meses después a causa de las secuelas.
La indignación ciudadana llevó a la huelga general total el 26 de febrero. Miles de trabajadores se concentraron en las Pistas de Atletismo. La llegada del abogado Antoni Farrés con ocho huelguistas liberados simbolizó el fin de la protesta inmediata, que culminó con la dimisión formal del alcalde Josep Burrull el 15 de octubre de ese mismo año.




