Unas 30.000 personas, según los organizadores, u 8.000, según la Guardia Urbana, participaron en la protesta del sábado 7 de febrero en Barcelona, que se extendió desde el monumento de Rafael Casanova hasta la plaza Sant Jaume. La movilización, impulsada por la ANC y el Consell de la República, denuncia la situación insostenible del servicio ferroviario.
Los testimonios recogidos en la estación de Sabadell Centre reflejan un profundo malestar. Jordi Gómez denunció que los problemas van mucho más allá de los retrasos habituales, destacando la falta de seguridad y las deficiencias en el mantenimiento y la limpieza de los convoyes.
“"El servicio de Rodalies no solo llega tarde, sino que lo encuentro inseguro. No me siento cómodo cuando uso Renfe en determinadas horas."
Otros usuarios, como Sara Herrera y Alba Marín, han optado por buscar alternativas de transporte, como los Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya (FGC) o los autobuses, ante la falta de fiabilidad de Rodalies. Esta situación ha provocado, sin embargo, el colapso de los servicios sustitutorios.
“"Ser usuario de Rodalies es horrible. Me ha afectado en mi vida personal y laboral. Rodalies puede provocar que llegue tarde cada día."
Finalmente, Luis Asensio concluyó que la confianza en el servicio se ha roto definitivamente, obligando a los viajeros a depender de terceros o a llamar al servicio de ayuda de Renfe diariamente para confirmar qué trenes funcionan, ya que los usuarios han perdido la poca confianza que les quedaba.




