Esta acción va más allá de una simple operación inmobiliaria, ya que busca blindar el futuro colectivo de la entidad y protegerlo de la creciente especulación que afecta los precios del alquiler y la vivienda en la comarca del Vallès Occidental.
Desde su fundación, Cal Temerari ha sido concebido como un punto de encuentro, refugio y espacio de palabra compartida, poniendo a las personas en el centro de su actividad. La compra consolida esta misión, ofreciendo una esperanza para los residentes que han quedado fuera de juego debido al encarecimiento de la vida en Sant Cugat.
En un contexto donde las calles y los hogares se convierten a menudo en fichas de especulación, la decisión de la entidad representa una apuesta firme por recordar la función esencial de los pueblos y las casas: ser lugares para habitar y construir comunidad, resistiendo la lógica del mercado.




