Tras la clausura de las fiestas de Figueres, un feriante con más de cinco décadas de experiencia en el sector de las atracciones revela la realidad detrás de las luces y la música. Esta realidad incluye inversiones considerables, horarios complejos y un estilo de vida itinerante que a menudo pasa desapercibido para el público.
La vinculación con el mundo de las ferias es una tradición familiar para muchos. En el caso del presidente de la asociación, sus padres ya se dedicaban a esta actividad antes de su nacimiento, convirtiéndolo en la segunda generación de feriantes. La base operativa, incluyendo almacenes y talleres de reparación, se encuentra en Girona, aunque la familia es originaria de Palamós.
La feria de Figueres, que ha cambiado de ubicación varias veces a lo largo de los años, es una de las más importantes para los feriantes gerundenses. Esta feria, por su magnitud y su capacidad de atracción de público de toda la comarca, es crucial para el sector. Sin embargo, factores como la meteorología adversa o los cortes de suministro eléctrico pueden afectar su desarrollo.
“"Nuestro trabajo pasa sobre todo por negociar para que, cuando llegamos, ya dispongamos de los servicios básicos, como luz y agua; sin eso no podemos montar la feria."
La relación con los ayuntamientos es fundamental y, en general, buena, aunque pueden surgir diferencias de criterio, especialmente en cuestiones como los horarios. Los feriantes deben hacer frente a costes significativos para instalarse, como los 1.800 euros que puede costar una atracción de coches de choque en Figueres. Esta inversión requiere un volumen de negocio considerable para ser rentable, hecho que se ve comprometido por restricciones horarias, como las impuestas recientemente en Olot.
Las atracciones que se ven en las ferias gerundenses provienen de diversas partes de Cataluña y de otras regiones de España, con una presencia notable de fabricantes italianos, franceses y alemanes, reconocidos por su calidad. El sector ha notado un cambio en la afluencia de público, atribuido en parte al aumento de las opciones de entretenimiento digital para los niños. La inversión en una atracción puede oscilar entre los 50.000 euros y el millón, con los coches de choque pudiendo costar entre 70.000 y 100.000 euros.
La seguridad es un aspecto crucial y altamente regulado en el mundo de las ferias. Todas las atracciones son sometidas a revisiones exhaustivas por ingenieros y deben cumplir con estrictos sistemas de seguridad. Los avances tecnológicos han permitido la implementación de sistemas que impiden el arranque de las atracciones si no se cumplen todos los protocolos, y el uso de bajos voltajes en zonas accesibles minimiza los riesgos.
La vida de feriante es descrita como difícil y exigente. Implica un ciclo semanal de desmontaje, carga, transporte y montaje de las atracciones en diferentes localidades. Este proceso, que puede ser complejo y laborioso, es a menudo invisible para el público, que solo percibe la feria una vez ya está instalada y en pleno funcionamiento.




