Tras años de esfuerzos para recuperar esta especie, desaparecida de la zona a mediados del siglo XIX, la población actual suma ya 66 ejemplares residentes. Según datos de la Fundación Trenca y Endesa, el año pasado se registraron 19 parejas reproductoras, con una tasa de supervivencia de los polluelos del 71%.
Estas aves actúan como gestores ambientales clave en el Prepirineo. Al alimentarse de carroña, evitan la propagación de enfermedades y reducen la necesidad de incinerar cadáveres de animales, ahorrando la emisión de 4.301 kg de CO2 a la atmósfera en 2025.
El éxito del proyecto se apoya en una red de Puntos de Alimentación Suplementaria (PAS) en lugares como Cal Roger, en Montferrer i Castellbò, o Siall, en Isona i Conca Dellà. Estos espacios también benefician a otras aves amenazadas como el quebrantahuesos o el milano real.




