Esta circunstancia, aunque favorece los deportes de aventura, representa un desafío significativo para los pescadores, que ven cómo la fuerza del agua impide acceder a muchos tramos fluviales. El sector teme que esta situación se mantenga durante los próximos meses, afectando tanto la pesca de baja como la de alta montaña.
Los niveles de agua altos molestan a los pescadores, no a las truchas.
Albert Arcalís, pescador, ha señalado que, si bien el caudal elevado dificulta la presencia de los pescadores dentro del río por la fuerza de la corriente, no representa ningún problema para las truchas. Por su parte, Josep Lluís Farrero, pescador del valle de Boí, ha explicado que, aunque algunos tramos son impracticables, hay otros más tranquilos, como la zona de aguas tranquilas de Barruera, donde la pesca aún es posible.
Los pescadores se resignan ante esta realidad, que atribuyen a las nevadas tardías y al deshielo prolongado. Marc Fly, residente en el valle Cardós desde hace cuarenta años, ha destacado que pocas veces ha visto tantos niveles de nieve en las montañas y nevadas tan tardías, lo que se traduce en una gran cantidad de agua en los ríos.
“"Hay que adaptarse, lo que significa, no pescar o pescar en muy malas condiciones."
La campaña de pesca de salmónidos en baja montaña comenzó el 21 de marzo, pero desde entonces los días aptos para la práctica han sido escasos. Se espera que la temporada de alta montaña, que se inicia el 9 de mayo, también se vea afectada por las mismas dificultades debido a la fuerza del agua.




