El origen de esta descompensación ideológica se remonta a la Transición. El peso del franquismo generó un estigma tan profundo que los primeros líderes democráticos buscaron refugio en siglas centristas para evitar vínculos con el régimen anterior.
En la actualidad, pactos locales como el de Ramon Bacardit y Sergi Perramón en la capital del Bages reabren el debate sobre si es posible defender ideas conservadoras sin el peso de las etiquetas tradicionales que han dominado la política catalana.




