Mariama Traoré fue víctima de la mutilación genital femenina (MGF) en el año 2002 en Guinea, cuando solo tenía cuatro años. Esta práctica, parte de una tradición cultural, afectó también a sus dos hermanas ese mismo día, dejándole cicatrices físicas y emocionales que perduran.
“"El dolor siempre será mental, aunque pasen 25 años. Quiero ayudarlas, porque es importante hablar de esto y que la sociedad entienda qué es lo que realmente se vive."
Traoré explica que la falta de información por parte de su madre hizo que no entendiera la gravedad de lo que le había sucedido hasta los 17 años, cuando vio un documental sobre la MGF en un centro de acogida. Esta revelación fue "una bomba" que la obligó a afrontar su realidad.
Tras tomar conciencia, inició un largo proceso de terapia y esperó hasta los 27 años para someterse a la cirugía de reconstrucción. Además de la MGF, Mariama tuvo que luchar contra intentos de matrimonio forzado en la adolescencia, lo que la llevó a marcharse de casa.
Actualmente, Mariama Traoré es un referente en la asociación Valentes i Acompanyades de Salt, donde ayuda a otras mujeres que han sufrido la mutilación genital a superar sus traumas y a entender que no están solas.




