Tras las fiestas de Navidad, marcadas por las comidas familiares y el intercambio de regalos, el columnista Mossèn Pere Rovira señala el regreso a la “tozuda realidad cotidiana”, donde persisten los conflictos bélicos, las injusticias sociales y el clima crispado de la política y la corrupción.
Mientras el ser humano no localice el auténtico problema, la herida profunda de su corazón, seguiremos perdidos en el diagnóstico.
Rovira argumenta que la solución a los problemas globales no se encuentra en la culpabilización de los otros o en la búsqueda constante de enemigos, sino en el corazón humano mismo, libre de tintes ideológicos. Este corazón, afirma, es capaz tanto de un amor “sublime, entregado y generoso” como de convertirse en un “auténtico monstruo” capaz de destruir.
El texto aborda cómo el miedo y el egocentrismo llevan al hombre a buscar constantemente gratificaciones externas para llenar el vacío existencial: desde el consumo sin medida y la búsqueda de placer sin compromiso, hasta el abuso de alcohol o drogas, buscando “distracciones alucinógenas”.
Finalmente, Mossèn Pere Rovira concluye que la única forma de saciar este vacío es encontrar las respuestas existenciales, que él identifica con el mensaje de Navidad: un Dios que se encarna y se hace historia, permitiendo mirar el futuro “sin miedo y con esperanza”.




