La situación actual de los pantanos, con cifras no vistas desde el temporal Gloria de enero de 2020, contrasta con la histórica sequía de más de tres años. Esta abundancia ha provocado un incremento en la liberación de agua en embalses como Susqueda (96%) y Sau (89%), que están desembalsando caudales muy superiores a los habituales, superando los 50 m³/s en algunos momentos.
El clima mediterráneo presenta esta dualidad entre sequías y episodios de lluvias torrenciales, pero con los efectos del cambio climático estos dos extremos se están acentuando.
Según datos del Meteocat, el invierno de 2025-2026 ha sido el más lluvioso desde 1995-1996. Estaciones como la de Granollers (Vallès Oriental) registraron casi 308 l/m² entre diciembre y enero, un récord en 76 años. Además, el Pirineo cuenta con un grosor de nieve excepcional, con más de tres metros en puntos como Port Ainé (Pallars Sobirà), lo que garantizará un aporte significativo durante el deshielo primaveral.
A pesar de la buena situación, la Agencia Catalana del Agua (ACA) insiste en la necesidad de continuar con las inversiones para no depender de la lluvia. La previsión es disponer de 280 hm³ de nuevo recurso en los próximos cinco años, a través de la desalación y la regeneración, incluyendo proyectos clave como la Estación de Regeneración de Agua de Sant Feliu de Llobregat.




