El Carnaval tiene sus raíces en fiestas paganas de invierno celebradas ya en la época de los griegos y los romanos. Esta celebración está estrechamente ligada al calendario lunar, ya que su fecha se define por la primera luna llena posterior al inicio de la primavera. El Miércoles de Ceniza, que es el primer día de la Cuaresma y el último del Carnaval, se establece contando cuarenta días atrás desde el Domingo de Ramos.
Siete días antes del Miércoles de Ceniza comienza el breve reinado del Carnaval. Esta festividad, conocida como la fiesta de la carne, es un claro ejemplo del vínculo con la gastronomía antes del sacrificio cuaresmal. El Jueves Lardero, también llamado el día de la tortilla, es tradicional comer butifarra de huevo, tortilla y coca de chicharrones.
La Cuaresma y el Carnaval han representado históricamente la lucha entre la diversión y la seriedad, marcando un periodo de excesos seguido por uno de sacrificio.
El desenfreno y los desfiles de disfraces terminan con el Miércoles de Ceniza, día del entierro de la sardina. Esta ceremonia teatral simula la muerte del Carnaval y el entierro del exceso, dando paso a la austeridad de la Cuaresma, donde tradicionalmente las comidas abundantes se sustituyen por un régimen de sopas con aceite, verdura y agua, permitiendo solo pescado los domingos.




