El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, apuesta por un perfil internacional marcadamente de izquierdas y socialdemócrata, posicionándose como un referente en la oposición a las visiones del mundo promovidas por figuras como Donald Trump. Esta estrategia, que le ha reportado beneficios tanto a nivel externo como interno, culmina en dos eventos clave que tienen lugar en Barcelona.
El objetivo principal es transmitir un mensaje claro: existe una alternativa progresista a la ola creciente de la extrema derecha global. Este discurso, que constituye el núcleo de su propuesta política, se verá reforzado por la presencia de destacados apoyos internacionales.
Para lograrlo, Sánchez exprime sus dos facetas, como presidente del gobierno español y como secretario general del PSOE. El viernes, el Palau de Pedralbes acoge la primera cumbre bilateral España-Brasil, un evento inédito con un país latinoamericano. El sábado, un encuentro en defensa de la democracia reunirá a una quincena de presidentes, vicepresidentes y jefes de estado de todo el mundo.
Es una cumbre que apuesta por la izquierda allí donde ya se hacen políticas de izquierdas que confrontan con territorios donde manda la derecha.
Entre los asistentes a Barcelona estará el presidente brasileño Lula da Silva, la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum, el colombiano Gustavo Petro, el presidente de Uruguay Yamandú Orsi, y el presidente de Sudáfrica Cyril Ramaphosa. Además, el PSOE organiza la Global Progressive Mobilisation, impulsada por Sánchez y el líder de los socialistas europeos, Stefan Löfven, con la participación de Lula da Silva en la clausura en la Fira de Barcelona.
Tanto el gobierno español como el PSOE han subrayado la importancia de estas jornadas, que sitúan la capital catalana en el centro de la atención mediática. Fuentes del partido destacan que es una oportunidad para visibilizar la presencia socialista en las instituciones catalanas, con el alcalde Jaume Collboni, el presidente Salvador Illa y el propio Pedro Sánchez.
La cumbre bilateral España-Brasil, la primera de estas características con un país latinoamericano, subraya la relación estratégica entre ambas naciones, con España como segundo inversor en Brasil. Se esperan acuerdos en ámbitos económicos, comerciales, de cooperación, innovación, políticas sociales, igualdad de género y no-discriminación racial.
El encuentro en defensa de la democracia, por su parte, busca establecer mecanismos para proteger las instituciones ante la extrema derecha, promover el multilateralismo, combatir la desinformación y el odio en las redes, e impulsar políticas contra los extremismos y las desigualdades. Uno de los objetivos es avanzar en la propuesta de que una mujer latinoamericana asuma la presidencia de las Naciones Unidas.
La presencia de Claudia Sheinbaum, presidenta mexicana, es especialmente significativa, ya que simboliza el deshielo en las relaciones entre España y México, tras movimientos como el reconocimiento del rey Felipe VI sobre los abusos en la conquista de América. Esta cumbre, ideada por Sánchez y Lula en Nueva York en 2024, llega a su cuarta edición como respuesta al auge de la extrema derecha global.
La Global Progressive Mobilisation, con una previsión de más de 3.000 asistentes, especialmente para la clausura, se concibe como una demostración de fuerza de la izquierda. Con un centenar de actividades y la participación de líderes políticos, sindicatos, think tanks y alcaldes de todo el mundo, el evento busca ofrecer una respuesta global y alternativa al auge de la derecha y la extrema derecha. El encuentro culminará con una declaración final con cuatro ejes de acción: defensa de la democracia, justicia social, políticas climáticas y gestión de la inteligencia artificial.




