La decisión de BEM, entidad que también organiza el Festival Cruïlla, se produce por la falta de garantías sobre el futuro inmediato del emblemático local. La principal preocupación son las obras de insonorización necesarias para evitar molestias a los vecinos, cuya calendarización no ha sido concretada por el Ayuntamiento de Barcelona.
A finales de enero, el consistorio comunicó a BEM que las deficiencias en la insonorización obligarían a cerrar El Molino durante el verano para llevar a cabo las obras. Sin embargo, la falta de una fecha definida para el inicio y la duración de estos trabajos ha dificultado enormemente la planificación de la actividad de la sala.
Desde el pasado febrero, la actividad musical en El Molino ya estaba limitada a los fines de semana y con un horario reducido hasta las 23:00 horas. Estas restricciones se impusieron con el objetivo de minimizar las molestias sonoras al vecindario, pero han afectado significativamente la viabilidad de la programación.
“"La falta de una calendarización clara dificultaba la previsión de la actividad de la sala."




