El Molino cerrará indefinidamente el 1 de julio por renuncia de la gestora

La decisión de la empresa gestora, Barcelona Events Musicals, se debe a la incertidumbre en las obras de insonorización obligatorias.

Imagen de la fachada de un teatro antiguo con un letrero, mostrando signos de desgaste.
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Imagen de la fachada de un teatro antiguo con un letrero, mostrando signos de desgaste.

La sala de conciertos El Molino, un espacio emblemático de Barcelona, cerrará sus puertas de manera indefinida a partir del 1 de julio, después de que la empresa gestora haya renunciado a su explotación por la incertidumbre en las obras de insonorización.

Barcelona Events Musicals (BEM), la empresa encargada de la gestión de El Molino y también organizadora del festival Cruïlla, ha tomado la decisión de no continuar con la dirección de la sala. Esta renuncia se produce ante la necesidad de emprender obras de insonorización para minimizar las molestias a los vecinos, una obligación que ha generado incertidumbre en la compañía.
La sala, propiedad del Ayuntamiento de Barcelona desde 2021, ya había sido advertida el pasado diciembre sobre las deficiencias en la insonorización. A finales de enero, se anunció un cierre temporal para abordar estas mejoras, acompañado de una modulación de la programación, concentrando las actuaciones los fines de semana y estableciendo un límite horario hasta las 23:00 horas.

"La dificultad que implica tener que modificar y posteriormente detener la actividad."

un portavoz de la empresa
Aunque inicialmente se valoraron las obras como un

"paso necesario para recuperar el liderazgo y el legado de El Molino como gran icono cultural de Barcelona"

un portavoz de la empresa
la gestora ha decidido finalmente dar un paso atrás, poco más de un año y medio después de asumir el control.
La historia de El Molino se remonta a finales del siglo XIX, cuando abrió como la Pajarera Catalana. Posteriormente, hacia 1910, fue conocido como Petit Moulin Rouge, nombre que perdió después de la Guerra Civil. Tras un cierre en 1997, reabrió en 2010 bajo la dirección de la empresa Ocio Puro, que realizó una renovación completa. Sin embargo, esta gestión terminó con una deuda significativa, principalmente por los costos de rehabilitación, hasta que el Ayuntamiento de Barcelona adquirió la propiedad en 2021.