Esta modificación del nomenclátor, aprobada por el consejo del distrito de Sant Martí, atiende a una demanda histórica de los residentes. El nombre actual databa de 1958, pero la mayoría de los vecinos se refería al lugar por la presencia de tres esculturas de tortugas donde jugaban los niños entre los años 60 y 80.
“"Cambiar un santo por unas tortugas es la metáfora perfecta de la decadencia de Barcelona."
La transformación del espacio incluirá una remodelación que se licitará antes de finalizar el mandato. El proyecto contempla mejorar la accesibilidad hacia la calle Rogent e incorporar un punto verde, además de recuperar elementos lúdicos que homenajeen a las tortugas originales que dieron identidad al barrio.




