Esta iniciativa busca preservar un elemento emblemático del diseño gráfico de la década de 1930, una época considerada de oro para la tipografía en Barcelona. El rótulo, que ha sido un referente visual, se encontraba en riesgo de ser eliminado, pero una intervención de última hora ha garantizado su conservación.
La fachada donde se encuentra el rótulo pertenece a un edificio de 1955, obra del arquitecto Joan Soteras, conocido por su exploración del brutalismo. Esta parte de la estructura es lo único que queda de la antigua fábrica, y su preservación es crucial para mantener el testimonio del pasado industrial de la zona del Poblenou.
El rótulo de Cacaolat, que data de 1933, es un ejemplo de cómo el diseño se democratizó en aquella época, llegando a productos de consumo cotidiano. La bebida, una innovación en su momento, fue un éxito y su tipografía se convirtió en un icono local. La licencia de obras para una gran promoción de pisos en el solar posterior a la fachada ha caducado, lo que ha abierto una ventana de oportunidad para la salvaguarda del rótulo.
“"La solución pasará por conservarlos, a poder ser como una muestra de arte urbano."
La decisión de salvar el rótulo ha sido impulsada, en parte, por la alarma generada por una profesora de tipografía, que inició consultas con el Museu del Disseny y el Museu d'Història de Barcelona. Este último está estudiando actualmente cómo y dónde podría acoger la pieza, considerándola un patrimonio singular.
La historia de Cacaolat se remonta a 1931, cuando el fundador de Letona y su hijo viajaron a la Feria Internacional de Budapest y descubrieron unos refrescos de leche y cacao. De regreso a Barcelona, crearon la bebida con una receta secreta y su logotipo distintivo. Este rescate se enmarca en un contexto donde muchos rótulos históricos de la ciudad han desaparecido, subrayando la importancia de preservar estos elementos del paisaje urbano.




