Esta medida ha provocado reacciones que exigen 'desmetropolizar' el territorio. En la actualidad, el 10% del suelo catalán acoge a más del 60% de la ciudadanía, sumando 5 millones de personas. Las proyecciones indican que los nuevos planes podrían añadir hasta 800.000 habitantes más en pocos años.
Los sectores críticos advierten que esta expansión hacia el Vallès, Maresme y Garraf responde a una inèrcia inmobiliaria que busca la hiperdensidad. Se reclama un diseño de país más inteligente que evite convertir a Cataluña en un magma urbano ingobernable y poco habitable.
La propuesta alternativa defiende un equilibrio territorial donde localidades como Badalona o L'Hospitalet dejen de ser meros polígonos residenciales para convertirse en espacios de calidad de vida, potenciando un país próspero más allá de la marca Barcelona.




