Desde la Kasa de la Muntanya han tildado la actuación de criminalizadora. El artista llevaba tres días pintando el mural sin problemas hasta que una decena de agentes se personaron para identificarlo. Aunque el autor admite que carecía de permiso, denuncia que se haya pasado de una posible multa administrativa a una acusación por la vía penal.
“"Fueron a cargar con todo lo que tenían a su alcance y consideran que la magnitud de la obra ya son unos daños y por lo tanto ya no es una sanción sino que es un delito penal."
El caso también incluye una vertiente lingüística, ya que el muralista asegura que un agente se dirigió a él exclusivamente en castellano ignorando su derecho a ser atendido en catalán. El artista valora presentar una queja ante la Plataforma per la Llengua por este incidente durante la identificación.




