El fin de los peajes en 2021 ha generado un efecto llamada que, unido a la crisis de la vivienda en el Área Metropolitana de Barcelona, obliga a miles de ciudadanos a desplazarse diariamente por esta vía. Esta presión se suma al auge de la logística ante la falta de alternativas ferroviarias.
El estado de la infraestructura preocupa por el deterioro del asfalto. Aunque el proyecto del cuarto carril entre Martorell y Vilafranca está en redacción desde 2023, los expertos advierten que la ampliación podría atraer todavía más tráfico a una vía ya saturada.
De los 30.000 nuevos vehículos en cinco años, 7.000 son camiones de gran tonelaje. Esta saturación evidencia que el diseño de la red, ideado hace 60 años, ha quedado desfasado para las necesidades actuales de movilidad y transporte.




