El ambiente era de gala antes de que rodara el balón. Los Desperdicis y miles de aficionados recibieron el autobús del equipo con bengalas y cánticos, mientras que en el gol norte, un tifo gigante con el lema “Al·lucinem amb aixecar-la” puso la piel de gallina a los 6.500 asistentes, convirtiendo a la afición en el jugador número 12.
Dentro del campo, los de Natxo González compitieron sin complejos. El Sant Andreu salió con una intensidad brutal y Sergi García rozó el 1-0 en el minuto 1. El Celta, con figuras como Aspas, Borja Iglesias y el ovacionado Ferran Jutglà, necesitó los postes y un inmenso Raül García para mantener la portería a cero hasta la prórroga.
El guion fue de película: el Sant Andreu se adelantó en el minuto 103 con un golazo de Alexis García, que hizo estallar el estadio. Pese al empate inmediato de Borja Iglesias, la expulsión de Carlos Domínguez dejó a los gallegos con diez, haciendo que la gesta pareciera inminente.
En Sant Andreu no ganaron la clasificación, pero ganaron una noche para contar a sus nietos. Y eso, en fútbol, no tiene precio.
Los penaltis, sin embargo, fueron crueles. Tras trece lanzamientos perfectos, Sergi Serrano envió el decimocuarto al larguero, dando la victoria al Celta (6-7). El Sant Andreu se marcha con la cabeza bien alta, demostrando que el fútbol popular puede mirar de tú a tú a los gigantes.




