Los hechos ocurrieron el domingo 1 de febrero al mediodía en el interior de la Central Térmica de Cercs, una instalación abandonada. Cuando los agentes de los Mossos d'Esquadra llegaron, alertados por un testigo, la competición ya había finalizado.
A pesar de ello, la policía encontró un numeroso grupo de personas que portaban material de combate, muchas de las cuales presentaban signos evidentes de haber luchado, con heridas en la cara o las extremidades. En el lugar, incluso, había montado un cuadrilátero y publicidad colgada en los muros, ya que el evento fue grabado para su divulgación.
“"Un hecho así nunca había ocurrido en el pueblo."
Los Mossos han abierto diligencias y han puesto el caso en manos del Juzgado, alertando de la peligrosidad de estas luchas sin guantes y sin reglas claras, que pueden provocar lesiones graves o letales. Además, la policía investiga la posible organización de apuestas ilegales en torno a esta actividad, que se asemejan a las peleas tipo Street Fighter.




