El sonido no académico de la batucada en la escuela terapéutica Valldaura de Olvan surge de sartenes, platos y botes de pintura, convertidos en instrumentos por una veintena de jóvenes con problemáticas de adicciones y salud mental. Esta actividad semanal se convierte en un espacio clave para la expresión, el trabajo en equipo y la reconstrucción personal de los participantes.
“"Me lo paso muy bien y me sirve para evadirme y desconectar de todo."
La particularidad del taller, gestionado por Amalgama7, es que todos los instrumentos son de material reciclado, facilitando la participación y el descubrimiento del ritmo. Una de las participantes, de 16 años, destacó la sorpresa inicial de tocar con utensilios de cocina, pero subrayó que la coordinación genera un sonido excelente y refuerza el vínculo con los compañeros.
Marta Pagerols, profesora de batucada, acompaña a los jóvenes desde una mirada inclusiva, centrándose en la escucha y el contacto visual para armonizar ritmos diferentes. Para facilitar el aprendizaje, los ritmos se asocian a frases propuestas por los propios participantes, como “dame una patata” o “pica carxofa, Ramon”.
La batucada se integra en el proyecto global de Valldaura, que atiende a chicos y chicas tutelados de 14 a 18 años con adicciones (drogas, pantallas, juego) y problemas de salud mental. Mònica Pagerols, coordinadora socioeducativa, explica que el centro trabaja con tres pilares: clínico, académico y socioeducativo, buscando la inserción social a través de actividades como ir al gimnasio del CEEC Berga o hacer pádel en Cal Bassacs.




