La detección de siete casos de sarampión en la provincia de Lleida durante 2025 ha puesto en alerta a las autoridades sanitarias. Ante cualquier sospecha, es imperativo declararlo de manera obligatoria para facilitar la rápida contención y evitar la propagación del virus, una medida crucial para la salud pública.
Inicialmente, el sarampión se manifiesta con síntomas similares a los de un resfriado común, incluyendo ojos enrojecidos, secreción nasal y tos persistente. Estos signos suelen ir acompañados de una fiebre alta, superior a los 38 ºC, que afecta significativamente el estado general de la persona.
Transcurridos aproximadamente tres días desde la aparición de los primeros indicios, se desarrolla una erupción cutánea rojiza y característica. Esta erupción, que al tacto puede parecer aterciopelada, comienza habitualmente en la cabeza, especialmente detrás de las orejas, y progresivamente se extiende por todo el cuerpo.
El sarampión puede conllevar complicaciones graves en un porcentaje significativo de pacientes, incluyendo otitis, neumonía y, en casos severos, encefalitis.
Aunque a menudo se considera una enfermedad infantil, se estima que alrededor del 20% de las personas afectadas pueden desarrollar complicaciones como otitis o diarrea. Más preocupante es la incidencia de encefalitis, una inflamación cerebral que afecta a una de cada mil personas con sarampión y que puede ser mortal.
Ante la sospecha, la notificación inmediata a las autoridades sanitarias es vital para activar los protocolos de control. Una vez confirmado el caso, se informa a la persona afectada sobre la necesidad de aislamiento domiciliario durante todo el periodo de transmisión, una medida clave que Salud Pública refuerza para garantizar la protección de la población.




