Las cifras de la última década muestran que el conjunto de los servicios de autobús alcanzó los 503,8 millones de viajes en 2024, un aumento del 33,4% respecto a 2014. Dentro de este crecimiento, el transporte interurbano destaca con un incremento del 47,9% en diez años, pasando de 55,9 millones a 82,6 millones de viajes.
En contraste, los trenes de Regionales solo han crecido un 7,2% en diez años, situándose en 10,2 millones de viajeros anuales, e incluso retrocedieron ligeramente en 2024 debido a incidencias como las obras en el túnel de Roda de Berà. Esta disparidad explica por qué el autobús se convierte en la válvula de escape cuando el sistema ferroviario falla.
“"La gente elige el modo de transporte en función de la alternativa que considera mejor, y el factor más importante suele ser el tiempo, incluso por encima del coste."
Esta función de red de emergencia se evidenció en el Camp de Tarragona. Glòria Vallcorba, directora adjunta del Grup Plana, explicó que el principal reto fue la falta de previsión, ya que tuvieron que triplicar las cifras de pasajeros en la línea Tarragona–Barcelona, pasando de 600 a 1.600 personas diarias en días laborables.
Por su parte, José María Chavarría, consejero delegado de Hife, que opera en las Terres de l’Ebre, señaló que la empresa incrementó entre un 12% y un 15% las plazas disponibles, desplazando autocares desde otras comunidades como Madrid, la Comunitat Valenciana y Aragón para absorber la alta demanda generada por la crisis ferroviaria.




