Recientemente, un representante de la ultraderecha en el Parlament de Catalunya generó un gran revuelo con sus declaraciones. Tras un incidente en un partido de fútbol donde se coreó una frase con connotaciones xenófobas, el diputado defendió su espontaneidad. Dirigiéndose a una diputada de Esquerra Republicana, añadió que si ella decidía no participar, «no la vamos a deportar por eso, al menos de momento», una afirmación que fue ampliamente criticada.
“"Tarradas ha reconocido que fue un error personalizar sus palabras sobre la diputada Najat Driouech y ha pedido disculpas públicamente en caso de que sus declaraciones hayan podido resultar ofensivas o hayan vulnerado el decoro de la Cámara."
Esta afirmación fue de tal gravedad que su propio partido le obligó a pedir disculpas. Sin embargo, las disculpas se centraron en la «personalización» de las palabras, y no en el contenido xenófobo del discurso. Este episodio subraya la necesidad de combatir a la ultraderecha con métodos democráticos, ya que tanto formaciones como Vox como Aliança Catalana comparten una retórica similar.
La preocupación radica en cómo estos partidos están logrando imponer su relato, extendiendo el miedo entre la ciudadanía. El concepto de «prioridad nacional» se vende fácilmente, y se pueden escuchar ejemplos de esta influencia en la vida cotidiana. Un caso reciente en Tarragona ilustra cómo la desinformación puede arraigar, con una ciudadana expresando que una persona de origen extranjero había sido atendida antes que ella en urgencias, sin entender el sistema de triaje basado en la gravedad.
Estos incidentes ponen de manifiesto la importancia de combatir las mentiras y los discursos de odio con la verdad y la palabra, incluso cuando parece una tarea difícil.




