La crisis estalló hace casi tres semanas e inicialmente se pensó que el virus había entrado en Collserola por restos de comida contaminada. Sin embargo, la primera secuenciación genética del virus, del grupo 29 (similar al que circuló por Georgia en 2007), ha reforzado la hipótesis de una salida accidental desde un laboratorio.
Varios científicos apuntan a un posible error humano, considerando la transmisión natural desde otras partes de Europa como “improbable”. Mientras tanto, los Agentes Rurales continúan perimetrando la zona cero en Cerdanyola del Vallès para evitar la expansión del virus a los jabalíes, especialmente hacia el parque natural de Collserola.
El problema es que hay industrias que se han especializado en algunas partes muy específicas del cerdo, que prácticamente solo se venden a estos países y ahora se encuentran con la actividad parada.
El brote ha obligado al confinamiento de 5.600 cerdos en 55 granjas cercanas al foco, aunque los análisis semanales han sido negativos hasta ahora. A nivel de exportación, siete países, incluyendo Japón y Filipinas (un mercado de 471 millones de euros el año pasado), han aplicado un veto a la carne porcina catalana.
Otros países que han dejado de comprar productos porcinos a Cataluña desde la declaración de la peste son México, Tailandia, Malasia, Taiwán y Sudáfrica. La Generalitat solo ha conseguido que un único matadero acepte sacrificar estos animales, lo que podría provocar un cuello de botella.
La Generalitat, a través del Instituto Catalán de Crédito (ICF), ha habilitado una línea de ayudas de 10 millones de euros, ampliables a 10 millones más, para indemnizar a los sectores afectados, aunque todavía no se ha definido el reparto de los fondos ni los beneficiarios.




